Por: Rev. Dr. Alejandro Lafontaine
Fecha: 1 de julio de 2009
Hoy es el último día de nuestra peregrinación. Hemos viajado a Belén, ciudad a ocho (8) Km. de Jerusalén y territorio de los palestinos. Belén es el lugar donde nació nuestro Señor Jesucristo, por lo tanto se convierte en un lugar importante en nuestra peregrinación de fe. Además, nos ofreció la oportunidad de hacer un recuento a toda la experiencia que hemos vivido durante los últimos 14 días. Hemos peregrinado desde el Sinaí (Egipto), Jericó, Galilea, Jerusalén y Belén.
En Belén hemos tenido la oportunidad de visitar el campo de los pastores. Lugar en donde a los pastores que estaban en vigilia se les anunció el nacimiento del niño Jesús, hijo de Dios. Además, fue donde los pastores recibieron desde la gloria celestial el mensaje de la paz y el amor: “Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad.” (S. Lucas 2:14)
Tuvimos la experiencia de visitar los templos del lugar, la gruta del nacimiento de Jesús, la cual está dividida entre la Basílica de la Natividad, templo ortodoxo de 800 años y el templo católico. En el templo católico, además, se encuentra la gruta de San Gerónimo, quien hiciera la traducción de la Biblia al Latín del pueblo, conocida como la Biblia Vulgata Latina.
En estas grutas tuvimos la oportunidad de leer la escritura recordando el nacimiento de Jesús en el Evangelio de Mateo 1:18-26 y cantamos Noche de Paz y Pastores a Belén.
Nos reunimos finalmente, en el Centro Luterano de Belén e Iglesia de la Natividad. Aquí recibimos una conferencia de gran contenido, que explicaba la presencia del cristianismo en un mundo dominado por judíos y árabes. Ofrecida por el Dr. Mitri Raheb. Es en este Centro Religioso y Educativo que está enseñando el Dr. Samuel Pagán y su esposa Noemí.
Sin lugar a dudas, este viaje nos ha llevado a la reflexión de varios temas, que nuestro Señor Jesucristo expusó y enseñó. Nos vemos obligados a pensar en los temas de las promesas de Dios, pero mucho más los temas de la justicia, la libertad, la tolerancia y la paz. Las circunstancias, las realidades sociales y políticas indican que estamos lejos de hacer visible en nuestro mando, el Reino de Dios. Pero, por otro lado, debemos sentirnos retados a un compromiso serio de la fe que profesamos. A dar testimonio práctico que poseemos una fe, que nos permite amar sin fronteras, servir sin condiciones y actuar en bien de los demás seres humanos, sin importar sus posiciones, creencias raza o color.
Puerto Rico y nuestras comunidades se han de enriquecer con nuestra práctica de amor, justicia, tolerancia y paz. Que el mensaje de los pastores de Belén sea proclamado por todos. “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a todos los seres humanos.”