Por Rdo. Rafael Moreno
¡Cuánto nos ama Dios! Así como los personajes bíblicos experimentaron el cuidado y el amor de Dios en su peregrinar, hoy nosotros y nosotras testificamos su amor durante este viaje. Es como si los libros sagrados continuaran abiertos; escribiéndose con la tinta de cada experiencia nuestra. Como si el canon bíblico no se hubiese cerrado, en los mismos textos bíblicos, hombres y mujeres de otras tierras santas, peregrinamos bajo la nube del Señor durante el día y con la columna de fuego en la noche. Las mismas bendiciones, retos y oportunidades que Dios nos ha estado prodigando en nuestras tierras sagradas, las seguimos viviendo aquí.
Ayer tuvimos la vivencia multiexperiencial de subir al Monte Sinaí en Egipto, parte del Continente Africano. Luego cruzamos el Mar Rojo por barco para llegar a la ciudad de Aqaba de Jordania en el Continente Asiático. Hoy hemos visitado la ciudad Rosa, capital de los Nabateos en Petra, reino de Jordania, en el Continente Africano. Cada paso que dimos marcó nuestras vidas con el cambio histórico que entrelazaba la trenza de un pasado lejano, el texto bíblico y nuestro presente. Cada paso que dimos en Petra nos laceró hasta el cansancio, el sol nos dio un nuevo color y el polvo de la historia se abrazó a nosotros y nosotras. Ese cansancio, nuevo color y ese polvo nos reta a una vida de apertura y sensibilidad histórica. Nada, que a fin de cuenta somos un continuo de Dios que une todas las historias del universo en una sola historia, la historia del amor de Dios. La cual fue, es y será expresada en todos los momentos, lugares y gentes. Los Nabateos, pueblo árabe y talentoso, nos mostraron su apertura a la inclusividad en su arte de labrar las rocas. Pudieron fundir en sus templos y tumbas su obra nativa con el arte grecorromano, egipcio y mesopotámico. Como gritándole suavemente la manera que se puede valorar la patria al igual que la de nuestros hermanos y hermanas en todos los pueblos de la tierra.
Hasta ahora Dios me ha dicho varias cosas en este viaje. Primero, que los montes se moverán liberándonos unos a otros y no esclavizándonos. Que las nuevas pirámides de la historia se construyen con manos libres de todos los pueblos de la tierra. Segundo, Dios nos llama a exorcizarnos de todo discrimen y que no expresemos diferencias entre unos y otros. Por último, que podamos justipreciar los elementos culturales, incluyendo el elemento religioso de todos los pueblos. Al fin de cuentas todos venimos del mismo Dios. Unos por Ismael, otras por Israel, otros y otras…pero todas y todos del mismo Dios que nos ama. ¡Paz!
Bello, precioso!!!
Sabes que hay muchos viajando con ustedes atravez de estas reflexiones.
Papi te amo!!!!!!!!
I miss you!
Nos vemos mañana!
Comentario por Marita Moreno — 1 julio 2009 @ 4:34 PM